Marina d’Or abre la puerta a la inversión china

Marina d'Or Ciudad de VacacionesEl complejo, paralizado por la justicia y lastrado por la insolvencia de su constructora, necesita 3.000 millones de euros para relanzar el negocio del golf

Marina d’Or, la “ciudad de vacaciones” que quiso ser Las Vegas o el parque temático más grande de Europa en una de las últimas zonas vírgenes de la costa valenciana, va camino de quedarse en manos de inversores chinos. Eso es, al menos, lo que ha publicado el oficial Diario del Pueblo chino, que anunció el interés del grupo Wanda, propiedad del magnate más rico del país, Wang Jianlin, de adquirir “el 75% de las acciones del complejo de vacaciones español Marina d’Or” por unos 1.200 millones de euros.

Un extremo que fuentes de Marina d’Or ni confirman ni desmienten, aunque sí matizan: las conversaciones ni están “tan avanzadas”, ni mucho menos se ha hablado aún “de cifras”, pero sí se mantienen “diferentes contactos abiertos” con varios inversores internacionales. El empresario Jesús Ger, que está detrás del megaproyecto urbanístico entre Cabanes y Orpesa del Mar, lleva al menos cuatro años en busca de un inversor para la subdivisión del negocio de golf y sería en esta parte en la que Jianlin, dueño del edificio España en Madrid y del 20% del Atlético de Madrid, estaría interesado. Marina d’Or Golf es la parte del complejo más ambiciosa y la que aún no está construida porque aparte de falta de liquidez, el proyecto tiene problemas legales.

ADELSON DIJO “NO”

No obstante, el de Wang Jianlin no es el primer nombre de magnate que suena para rescatar un proyecto que, tras haberse arrancado con 15.000 apartamentos y cinco hoteles, está paralizado. Ya en 2011, el grupo presidido por Ger insinuó negociaciones con un jeque catarí, que quedaron en nada, y en junio de 2012 hasta se le ofreció al norteamericano Sheldon Adelson los 18 millones de metros cuadrados del PAI del golf para que construyera allí su polémico Eurovegas. Ni uno ni otro aceptaron, y Marina d’Or Golf sigue siendo hoy una maqueta en la que en principio iban a vivir 200.000 personas en 35.000 viviendas, con tres campos de golf, una pista de esquí artificial, un canal emulando a Venecia, un lago artificial y seis grandes hoteles de lujo.

Para todo ello, Ger cifró la inversión necesaria en 6.000 millones de euros en 2005. Pero con el tiempo y la redefinición del negocio por la caída del ladrillo, el desembolso se ha rebajado a 3.000 millones. Ahora Marina d’Or quiere potenciar el filón turístico en detrimento del inmobiliario. Su nuevo objetivo son 130.000 plazas en hoteles de 3, 4 y 5 estrellas, apartamentos y apartoteles, aunque el proyecto sigue contemplando los tres campos de golf, además de una escuela para esta práctica, pistas de esquí y una playa artificial.

INCUMPLIMIENTO AMBIENTAL

Aunque la empresa asegura que es “un buen momento” y que “la cosa está caliente” para el turismo en España, Marina d’Or sigue teniendo problemas para encontrar un inversor capitalista dispuesto a desembolsar esos 3.000 millones. Y aunque lo hallara, el proyecto no podría comenzar a ponerse en pie ipso facto porque está anulado por el Tribunal Superior de Justicia Valenciano (TSJCV) por incumplimiento de la legislación ambiental. Otro inconveniente que dificulta el cierre de la operación son las deudas grupo Marina d’Or, cuya constructora y promotora inmobiliaria entró en concurso de acreedores en mayo de 2014.

Pero lejos de tirar la toalla, Ger se aferra ahora a otra ventana de oportunidad: con el aeropuerto de Castellón –que su buen amigo Carlos Fabra impulsó en buena parte por la proximidad del megaproyecto urbanístico- en funcionamiento, espera atraer al turismo internacional.

Fuente: El Periódico Economía-Laura L. David

Anuncios